The Gonzalez Recovery Residences Article in AARP VIVA.

English Translation in Green

http://pubs.aarp.org/aarpviva/winter2010_MD?folio=14#pg14

Podría decirse que Boris González lleva una doble vida. Es hijo de una de las familias productoras de vino más famosas de España y es un alcohólico en recuperación. Es dueño de un hotel boutique en la costa, en Vero Beach, Florida, donde los huéspedes cenan y beben en un entorno espléndidamente decorado, y dirige centros de tratamiento especializados en adultos mayores adictos.

A pesar de estas aparentes contradiccio-nes, se ha impuesto una misión: extender el alcance y duración de los programas contra las adicciones más allá de los 28 días que suelen durar, y que pasen a ser un proceso de dos años destinado a ayudar a los adictos a mantenerse sobrios. Con esto en mente, ha diseñado cinco residencias para la recuperación de adictos, con miras a lograr un enfoque más profundo y cómo-do para ayudarlos a dar un giro rotundo a sus vidas. La mayoría de los residentes está compuesta por boomers prósperos, educa-dos y que trabajan en exceso.

Using lushly decorated accommodations, BORIS GONZÁLEZ runs detox homes for the most impatient upscale 50+ addicts.

You could say that Boris González leads a double life. He’s the son of one of Spain’s most famous wine-producing families — and a recovering alcoholic. He owns a beach-side boutique hotel in Florida’s Vero Beach, wining and dining guests in a lushly appointed setting — and he runs treatment centers specializing in older addicts.

Despite these apparent contradictions, he’s a man with one mission: to expand the scope of addiction programs beyond the standard 28-day stint to a two-year process that can help addicts stay sober. With this in mind, he’s designed five recovery residences with a look toward a more in-depth and comfortable approach to helping addicts turn their lives around. The core of the residents consists of well-to-do, educated, overworked baby boomers.

González, who is a 52-year-old businessman with a designer’s flair, decorated the homes with the same eye for detail used in his hotel, the Caribbean Court. (And to help pay the centers’ bills, he uses at least 10 percent of hotel profits.) Photos of Cuba and González Bypass — the Jerez, Spain, headquarters of his family’s wine and spirits enterprise — dot the walls of the Plantation Home and Villa Mizner, two of the signature homes. Residents dwell among vintage furniture and sleep on crisp, luxurious linens. The deluxe factor is by design, a gesture toward more upscale clients who may not otherwise opt for a sober-living residence. Such centers, González says, aim to help recovering addicts transition back into mainstream society.

£ González, un empresario de 51 años de edad que posee el don del diseño, decoró las residencias con el mismo ojo detallis-ta que empleó en su hotel, el Caribbean Court. (Para ayudar a pagar las cuentas de los centros, usa por lo menos el 10% de las ganancias de su hotel). Fotos de Cuba y de González Bypass —en Jerez, España,

sede de la empresa de su familia— se ven en las paredes de Plantation Home y Villa Miz-ner, dos casas emblemáticas. Los residentes moran entre muebles antiguos y duermen entre sábanas finas. El lujo está dirigido a clientes de alto nivel que, de otra forma, no vivirían en residencias donde hay que mantenerse sobrio. Dichos centros, según González, apuntan a ayudar a los adictos en recuperación en su transición para reinser-tarse en la sociedad convencional.

Y son muchos los que precisan esa ayu-da. La Administración de Salud Mental y Abuso de Sustancias informa que el con-sumo de drogas ilícitas entre adultos ma-yores de 50 años ha aumentado en más del 60% — cifra que la Dra. Barbara Krantz, directora ejecutiva del Hanley Center, esta-blecimiento de recuperación en West Palm Beach, considera una “crisis global de salud pública”— y predice que la necesidad de tratamiento para los adictos de más de 50 años se duplicará para el 2020.

Los adictos mayores son difíciles de tratar, dicen los expertos del Hanley Center, que el año pasado lanzó el programa Freedom Program for Boomers. Esa generación comienza el pro-ceso de recuperación más enfermay adicta a varias sustancias, lo que torna la desin-toxicación en un proceso mucho más com-plicado. “Los boomers toman analgésicos incluso cuando no sienten dolor”, sostiene Juan Harris, director del programa Older Adult Recovery, de Hanley, refiriéndose a la dependencia de las drogas que sufren los adictos, incluso cuando no existan sín-tomas. Harris y otros expertos en recuperación de adicciones dicen que los boomers son más impacientes que los demás adictos y, a menudo, buscan soluciones inmediatas, se autodiagnostican y automedican. ^Y qué sustancias eligen?

And there are many who need that assistance. The Substance Abuse and Mental Health Services Administration reports that illicit drug use among adults in their 50s has increased by more than 60 percent — a figure that Dr. Barbara Krantz, CEO of the Hanley Center, a recovery facility in West Palm Beach, calls “a global public health crisis” — and predicts the need for treatment among addicts age 50 and older will double by 2020.

Older addicts are notoriously difficult to treat, say the experts at the Hanley Center, which last year launched its Freedom Program for Boomers. That generation is coming to recovery sicker and addicted to multiple substances, making detox a far more complicated process. “Boomers take pain medication even if they don’t have any pain,” says Juan Harris, director of Hanley’s Older Adult Recovery program, referring to addicts’ dependence on drugs even when there are no symptoms. Harris and other addiction recovery doctors say that boomers are more impatient than other addicts and often seek quick-fix solutions, self-diagnose and self-medicate. Their substance of choice? Anything from surreptitiously obtained prescription drugs to heroin to Chardonnay.

Boris González is driven by his own frenzied years of work and excess, followed by a difficult struggle to kick his dependence on his drug of choice: alcohol. The Cuba-born son of wealthy exiled parents — Cuban citizens who have deep Spanish roots — knows about the challenges that addicts can face. “My family has been making wine since 1835. I had a hard time getting sober,” he says. “I grew up around alcohol, so it was as if you spend your life hearing that distilled water is good for you, then one day somebody tells you it’s bad for you.”

When I got out of law school, I got sober. I went to a treatment center, and it saved my life,” he says. “But that was a 30-day crash course in recovery.” He soon discovered that staying sober can often take more time, so he established his first recovery home in 1990. The centerpiece of the five González Recovery Residences is a sprawling plantation-style mansion that sits along the banks of Indian River, located where, as a wild youth, González partied at keg bashes. Now 22 years into his sobriety, he says, “What I’ve tried to do is create clean, comfortable homes where recovering addicts don’t feel as displaced from the comforts of their lives, where they can live with dignity.”

Desde medicinas re-cetadas obtenidas ilegalmente hasta heroí-na, pasando por Chardonnay.

González encuentra motivación en sus propios frenéticos años de trabajo y ex-cesos, seguidos de una difícil lucha para librarse del alcohol. Nacido en Cuba, hijo de padres ricos exiliados, conoce bien los desafíos que enfrentan los adictos. “Mi familia ha producido vino desde 1835. Me resultaba muy difícil lograr mantenerme sobrio”, afirma. “Crecí rodeado de alcohol; es como si pasaras tu vida oyendo que el agua destilada es buena para ti y, de pronto, un día alguien te dice que te hace mal”.

“Cuando me gradué en Derecho, reco-bré la sobriedad. Fui a un centro de trata-miento que salvó mi vida”, sostiene. “Pero sólo fue un curso intensivo de recuperación de 30 días”. Pronto descubrió que mantenerse sobrio exige más tiempo. Para llenar ese vacío, estableció su primera re-sidencia para la recuperación en 1990. La pieza central de las cinco González Recovery Residences es una enorme mansión, del tipo de las de la época de las grandes plantaciones, ubicada sobre las márgenes del Indian River. La residencia está situa-da allí donde un joven y alocado González festejaba con toneles de cerveza. Ahora, luego de mantenerse sobrio por 21 años, afirma: “Lo que intenté hacer fue crear residencias limpias y cómodas donde los adictos en recuperación no sientan que perdieron las comodidades de sus vidas, donde puedan vivir con dignidad”.

Una de las residentes, una pro-fesional latina de 50 años, ha florecido en este período de recuperación extendido. Las residencias, dice, brindan el “entorno seguro y estructurado” que necesitaba para “ser consciente de mis sentimientos mientras asisto a reuniones, me ejercito, como de forma saludable y estoy en compañía de otras personas afines a mí”. Los residentes siguen las pautas de los clásicos programas de 12 pasos, que incluyen un procedimien-to para ayudar tanto a los adictos como a las personas con trastornos de comporta-miento en proceso de recuperación.

“Boris se ha propuesto vivir los 12 pasos, y parte de ello significa dar de sí mismo to-dos los días”, dice la paciente, que pidió no usar su nombre, según las tradiciones de los programas de 12 pasos. Dar de sí mismo significa compartir sus conocimientos, experiencia y estrategias de supervivencia. “Él comprende que es una enfermedad que debe tratarse, y ofrece a sus clientes el acce-so a las herramientas que les permitan vivir sin sustancias que alteran la mente… Hay una gran necesidad de lugares como éste”.

Las residencias de González son un sal-vavidas para los adictos y para sus seres queridos. La adicción, observa González, afecta a la mayoría de las familias. “Hay tanta gente que no logra mantenerse so-bria”, dice. “La sociedad está pretendiendo detener una hemorragia con una curita”.

Él invita a otros a seguir su ejemplo. Si los empresarios y otros segmentos de la sociedad participaran para encontrar soluciones, dice, habría menos “recaídas”. Mientras tanto, ayuda a un adicto a la vez.

Si es adicto o conoce a alguien en esa si-tuación, hay recursos en aarp.org/viva.

One such resident, a 50-year-old Latina professional, has blossomed during the longer recovery period. The residences, she says, provided the “safe, structured environment” she needed to “feel my feelings while attending meetings, exercising, eating healthy and being in fellowship with other like-minded individuals.” The residents follow the guidelines of 12-step programs, which include a process to help addicts and others with behavioral disorders in the recovery process.

“Boris is committed to living the 12 steps, and part of that means giving it away every day,” says the patient, who asked to remain anonymous in keeping with the 12-step traditions. Giving it away, she says, means sharing his knowledge, experience and survival strategies. “He understands that this is an illness that needs to be managed, and he provides his clients with access to the tools to help them live without mind-altering substances…. The need for places like this is tremendous.”

González’s residences are a lifesaver for addicts and their loved ones too. Addiction, González notes, touches most families. “There are so many people out there who are not getting sober,” he says. “Society is putting a Band-Aid on a hemorrhage.”

González invites others to follow his example. If businesses and other segments of society got involved in finding solutions, he says, fewer addicts would relapse. Meanwhile, he’s helping, one addict at a time.

If you have an addiction or know someone who does, find resources at aarp.org/viva.

En casas de lujososambientes, BORIS GONZÁLEZ dirige programas de desintoxicación para adictos de alto nivel mayores de 50 años.

“MI FAMILIA HA PRODUCIDO VINO DESDE 1835. CRECÍ RODEADO DE ALCOHOL; ES COMO SI PASARAS TU VIDA OYENDO QUE EL AGUA DESTILADA ES BUENA PARA TI Y, DE PRONTO, UN DÍA ALGUIEN TE DICE QUE TE HACE MAL”.

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